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sábado, 25 de agosto de 2018

INFLACIÓN EN EL IMPERIO ROMANO


 
ANA MARIA SEGHESSO










El período de los siglos III y IV del Imperio Romano, coincide con una crisis económica debida a varios factores, uno de los cuales fue la invasión por parte de numerosos pueblos del norte, quienes traspasando las fronteras desafiaron el poderío imperial.





 

La rapidez y diversidad con que se sucedían las incursiones de los invasores, que se dedicaron a la  violencia y al pillaje desde la mitad del III siglo, no daba tiempo a los gobernantes para reflexionar sobre las medidas  administrativas necesarias para afrontar la amenaza.







“No había tiempo suficiente para intervenir de manera conceptualmente ponderada sobre la estructura administrativa y militar del Imperio;  los llamados “emperadores soldados” transcurrieron gran parte de su período de gobierno, en marcha, apurándose de un teatro de guerra al otro”.



(Armin Eich “L’età dei Cesari – Le legioni e l’Impero” .

Mondadori libri, febrero 2016).





Diversamente de los ejércitos de invasión del alto Imperio, las tropas en el siglo III se movían al interno del Imperio, y eran casi todas bajo el comando directo del Emperador.

 
La estrategia defensiva dinámica era desde un punto de vista logístico, muy exigente y por lo tanto sumamente dispendiosa.







Aumentaron mucho los gastos  del personal puesto que se crearon nuevos repartos y se incrementaron repetidamente y de modo contundente las retribuciones a los soldados.



El miliciano regular recibía además compensaciones extraordinarias, cuyo monto resultó superior al pago básico.











 


Para lograr pagar las expensas, que superaban ampliamente los ingresos, los emperadores del siglo III, retomaron la práctica, ya usada anteriormente, de reducir el peso de las monedas y disminuir el contenido de metales nobles.









Se sirvieron de este medio a tal punto que las monedas de plata en los decenios 270 y 280, contenían solamente del 2% al 5 % de plata.





 

Finalmente el emperador Lucio Domicio Aureliano (214 o 215, 275), reformó todo el sistema monetario del Imperio, logrando corregir parcialmente la crisis que generó la inflación de la moneda.







 
La depreciación de la moneda que circulaba en el Imperio resultó tan pronunciada, que el emperador Aureliano decidió reformar todo el sistema económico.



La reforma consistió en suspender todos los derechos de acuñación locales, para evitar desequilibrios entre el valor y el precio del dinero. 



De esta manera el emperador resultó dueño absoluto del derecho de acuñar, con el monopolio de la totalidad del metal monetario del Imperio.



 AURELIANO





El valor de las monedas devaluadas permitía una oferta de dinero mayor para pagar bienes y servicios que excedían la capacidad de producción.



Sin embargo, el fenómeno del exceso monetario provocó un desequilibrio que amenazaba todo el sistema. 





Las nuevas Cecas[1] creadas por Aureliano emitieron una moneda de plata un poco mejorada en su valor intrínseco, que llevaba la indicación “XX I”, que significa  “veinte igual a uno”, o sea que esta nueva moneda poseía el valor de veinte veces respecto a la anterior, retirada de la circulación.





 
A esta reforma económica del emperador correspondió en 274-275 d.C., un aumento inaudito de precios, que según fuentes egipcias, fueron decuplicados. 






El gobierno central, entonces, para resolver las necesidades del ejército, estuvo obligado a comprar con el dinero revaluado, bienes de consumo más caros.






 
Además de esta reforma, Aureliano ordenó emitir monedas de oro puro, que fueron acuñadas en número restringido.





Según el historiador Armin Eich, estas monedas “buenas”, representaban una seguridad económica en los salarios de los altos funcionarios y oficiales, instaurando una atmósfera favorable en quienes estaban cerca del emperador.






Durante la fuerte inflación que azotó el Imperio en el IV siglo, la moneda de oro se demostró a tal punto estable, que no han llegado en las crónicas de la época, quejas de las elites contra la autoridad.  





“Con este procedimiento reservado al oro, Aureliano fue un precursor en obtener en tiempos de crisis, que las elites se identificaran con el Imperio y sus objetivos políticos”.[2]













 


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El uso de la palabra Inflación cambió con el tiempo, terminando por referirse al aumento de precios en general, considerando de este modo, las consecuencias como causa.





Una de las características de la economía mundial, comenzada a mediados del siglo XIX ha sido el constante aumento de precios y salarios provocando la depreciación de las principales monedas en circulación.



El dinero que utilizamos  representa un valor que intrínsecamente no tiene.



La disminución del poder adquisitivo origina el aumento de precios, provocando exigencias de aumentos de salario, en una interminable dinámica de inflación.



Economistas modernos han analizado ciclos menores de fluctuaciones de la actividad económica, que ocurren cada siete a diez años.[3]






 
[1] Casa de moneda o Ceca.

La palabra ceca es una voz árabe sikka que significa moneda, troquel o molde.



[2] Armin Eich “L’età dei Cesari – Le legioni e l’Impero” .

Mondadori libri, febrero 2016.

[3] Según algunos, se debe al exceso de oferta por sobreproducción. El aumento de la producción lleva a una situación en la cual el mercado no puede absorber todo lo producido, que lleva a la caída de precios.





Otros economistas se centralizan en la demanda: si el empleo falta, la demanda decae lo que conduce indefectiblemente a la caída de precios.



Sin embargo, tanto la oferta como la demanda, están íntimamente ligadas a la circulación y regulación del dinero, controlados por los gobiernos o por los bancos.