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sábado, 3 de marzo de 2018

LA BIBLIOTECA DE ASURBANIPAL

ANA MARIA SEGHESSO









La Biblioteca de Asurbanipal se encontraba en Nínive, ciudad asiria, perteneciente al rey Asurbanipal, que reinó en el siglo VII a.C. 

Consistía en una colección de tablillas de arcilla, en escritura cuneiforme, la escritura más antigua que conoce la humanidad.




En el siglo XIX un arqueólogo inglés descubrió restos de la biblioteca y llevó las tablillas, más de 20.000, al British Museum. Fue el comienzo de las excavaciones que continuaron a lo largo de varios años y que en el siglo XX, llevaron al conocimiento y divulgación de la refinadísima cultura sumeria.

Al menos 4.000 tablillas contienen predicciones astrológicas basadas en observaciones astronómicas y metereológicas anteriores al año 2.000 a.C. No se limitan a predicciones astrológicas, en ellas están escritos los temas más diversos, como gramática, lista de ciudades, matemática y astronomía, literatura, arte, historia, religión.


Las excavaciones en Medio Oriente llevadas a cabo por estudiosos norteamericanos y europeos, han descubierto un tesoro inesperado, aumentando notablemente la frontera de la Antigüedad.


«En Sumer, más de mil años antes que los hebreos redactaran los primeros libros de la Biblia y los griegos la Ilíada y la Odisea, se encuentra ya una brillante literatura, compuesta de mitos, epopeyas, himnos, y lamentaciones, además de numerosas colecciones de proverbios, fábulas y ensayos. 

No es forzado predecir, que la recuperación y reconstrucción de esta antigua literatura, durante tanto tiempo sumida en el olvido, será una de los mayores contribuciones de nuestro siglo al conocimiento del origen de la Historia».


«Es apasionante para el descifrador de tablillas de terracota, para el traductor de textos cuneiformes, seguir el camino de las ideas y de las obras a través de estas civilizaciones antiguas, desde los Sumerios a los Babilonios y de los Asirios a los Hititas, Hurritas y Arameos».


«Los Sumerios no ejercieron una influencia directa sobre los Hebreos, puesto que desaparecieron mucho tiempo antes que estos últimos hicieran su ingreso en la historia. Pero no existen dudas que influyeron en los Cananeos, que precedieron los Judíos en Palestina.

Es la única explicación posible a las numerosas analogías descubiertas entre los textos sumerios y los libros de la Biblia. Las analogías no son aisladas sino que se encuentran “en serie”, se trata por lo tanto de un verdadero paralelismo». [1]




ENLIL



Las aguas primordiales, la separación del Cielo y de la Tierra, la arcilla con que fue moldeada la criatura humana, las leyes morales y civiles, la manifestación del sufrimiento y de la resignación de los mortales, son todos argumentos afrontados por los sumerios antes que ninguna otra civilización. 

Anunciaron los contenidos fundamentales de todas las religiones posteriores, monoteístas o politeístas.



ENKI  Y NINHURSAG




El poema mítico de Sumer, titulado “Enki y Ninhursag”, narra del paraíso que crearon los dioses en la tierra de Dilmun.


Existe, cuenta el poema, una región llamada Dilmun; es un sitio puro, límpido y resplandeciente, donde no reina la enfermedad ni la muerte. 

Sin embargo, falta algo en Dilmun: el agua dulce, indispensable a los animales y a las plantas.

Enki, dios sumerio del agua dulce y de la sabiduría, ordena a Utu, dios del Sol, de hacer surgir agua e irrigar abundantemente el suelo.
Dilmun deviene por lo tanto, un espléndido jardín.

La Gran Diosa Madre Ninhursag, luego de generar la divinidad del agua fluente y tres generaciones de diosas, hace crecer ocho plantas en el paraíso de los dioses.


Las plantas tienen la propiedad de permitir la generación y la fertilidad de la diosa.

El poema resalta el hecho, que los partos de Ninhursag fueron indoloros.


Enki, curioso por conocer  el sabor de las plantas, - o quizás para adueñarse de la fertilidad femenina - , las hace recoger a su mensajero Isimud, y luego las come, una después de la otra.

Ninhursag, indignada por el robo de sus plantas, lo maldice y se aleja del paraíso.  

Las plantas ingeridas poseen la cualidad de generar nuevos seres, pero en un útero, y como Enki no lo posee, ocho partes de su cuerpo, que corresponden a las ocho plantas, sufren un envenenamiento.






Enlil, dios del Aire y principal divinidad masculina de los Sumerios, tampoco es capaz de hacer frente a la situación. Sólo Ninhursag posee el poder mayor de generar y de salvar de la muerte a Enki.

Un nuevo personaje interviene, el zorro, quien negocia con Enlil, prometiendo que por una compensación razonable, convencerá la diosa a regresar. Enlil acepta.


No se sabe cómo haya hecho el zorro, faltan algunos líneas en la narración, pero Ninhursag torna entre los dioses.

Enki en tanto, está a punto de morir. La diosa lo hace sentar a su lado y le pregunta qué parte del cuerpo lo hace sufrir y Enki se lo indica, una per una. Ninhursag crea entonces ocho divinidades para sanar las ocho enfermedades que aquejan a Enki.


Ninhursag posee un poder mayor que los dioses masculinos y lo utiliza.

Este el argumento del Mito sumerio.

Las semejanza con el texto bíblico, escrito mil años más tarde.

Según la Biblia Jehová plantó un huerto al oriente, en Edén, y puso allí al hombre que había formado.


Y salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos”.

Génesis, II  10.



La culpa cometida por Enki robando la ocho plantas de Ninhursag, evoca el pecado realizado por Adán y Eva, comiendo el fruto prohibido del árbol de la ciencia del Bien y del Mal.


Castigos a Eva y Adán



“Multiplicaré en gran manera tus dolores en tus embarazos; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”.

Génesis III - 16

- Por cuanto obedeciste la voz de tu mujer y comiste del árbol del cual te mandé, diciendo: No comerás de él.

-¡Maldita será la tierra por tu causa!, con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

-  Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo.

- Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres y al polvo volverás.

Génesis III 17,18,19.


Y dijo Jehová:


He aquí el hombre ha llegado a ser como uno de nosotros, conociendo el bien y el mal. Ahora, pues, no sea que alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma y viva para siempre,

- Por tanto, lo sacó Jehová Dios del huerto de Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado.

-  Echó, pues, fuera al hombre y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.

Génesis, III  22,23,24.



La ideología moderna de la religiones monoteístas, está muy lejos de la impostación sumeria.

- Se comprueba un estado inferior al relatado en el texto sumerio, cuando la mujer paría sin sufrir.

- La ira del dios monoteísta se traduce en maldiciones contra sus criaturas.

- La diosa pagana se conmueve con Enki, no permite su muerte.

Los códigos de convivencia creados por la cultura pagana y fundamento de su religión han variado notablemente en las religiones monoteístas.













[1] I Sumeri. Samuel N. Kramer. Grandi tascabili Economici Newton, 1997.


martes, 16 de enero de 2018

LA EMANCIPACIÓN FEMENINA EN EL IMPERIO ROMANO (segunda parte)





ANA MARIA SEGHESSO





El adulterio como obstáculo para el aumento demográfico



Un razonamiento funcional


En la época de Augusto, primer emperador romano, la legislación relativa al matrimonio fue modificada. Roma estaba pasando por un declive demográfico, consecuencia de varios factores combinados.





El divorcio, desde el punto de vista de la situación histórica, debía garantizar un aumento de la natalidad, como directa consecuencia de una programación natural biológica.






Según algunos historiadores, las parejas de nivel medio y alto evitaban generar más de dos hijos, para impedir la excesiva repartición del patrimonio familiar, que reducía la riqueza y como consecuencia el prestigio social.


Se menciona, además, una insuficiencia de la fecundidad por la presencia de plomo en las tuberías de los acueductos que transportaban el agua potable.

Muchas mujeres patricias decidían no casarse, optando por la potestad de un padre o un hermano, que resultaban más flexibles y cercanos a sus intereses que los deberes de la relación conyugal.
El motivo fundamental, sin embargo, se debe a las guerras constantes de Roma en los diversos frentes de batalla, que aportaban cuantiosas ganancias en botín, impuestos, comercio y territorios, pero con una alta mortandad.






Para impulsar el matrimonio Augusto promulgó leyes [1]que determinaron que todos los hombres con una edad comprendida entre los veinticinco y los sesenta años y todas las mujeres entre los veinte y los cincuenta años pertenecientes al Senado y al orden ecuestre -  vinculados a la clase dirigente del estado romano – debían obligatoriamente casarse; de no hacerlo serían penalizados con la prohibición de recibir legados o herencias.





Ulteriormente, Augusto dispuso que la mujer divorciada recuperase su dote.

El rescate de la dote por parte de las mujeres aumentaba las posibilidades de un nuevo casamiento.


Se instituyó también el ius trium liberorum, que otorgaba a los padres con tres o más hijos legítimos determinados privilegios, como la reducción de la edad mínima para el acceso a las magistraturas a los hombres y la gestión propia de sus herencias y haberes a las mujeres, sin la interferencia del marido o del padre.   

Las nuevas leyes consintieron a todos los romanos de familia plebeya casarse con libertas. 





Los matrimonios de facto de los soldados fueron legalizados, acordando a sus hijos los derechos civiles.


La prohibición de romper las promesas formales de matrimonio, reglamentadas en las leyes mencionadas, puso un freno a quienes querían evadir el matrimonio.


Los trámites del divorcio se simplificaron: bastaba la voluntad de uno de los cónyuges para divorciar. 


La ejecución debía efectuarse ante la presencia de siete testigos; un liberto notificaba por escrito a la parte interesada la fórmula:


Tua res tibi agito

Llévate tus cosas

Tuas res tibi habeto

Quédate con tus cosas



Los divorcios se multiplicaron en Roma con las leyes que Augusto había sancionado, con el objetivo de provocar nuevas ocasiones de matrimonio y uniones más prolíficas.






Las matronas romanas recuperaban en caso de divorcio, su dote íntegra, que el marido no podía administrar ni hipotecar.


A tal punto y con tanta facilidad se concertaban divorcios y matrimonios, favorecidos por el consenso de los dos cónyuges o por la sola voluntad de una parte, que las relaciones familiares se transformaron drásticamente.


Sin mayores titubeos morales, a la edad de cincuenta y siete años, Cicerón, para sanar su patrimonio con la dote de una joven y rica heredera llamada Publilia, divorció de su esposa Terencia, luego de treinta años de vida en común.

No obstante, Terencia no se perdió de ánimo y sobrellevó el conflicto sin grandes tensiones, ya que se casó dos veces todavía, primero con Salustio, el famoso historiador, luego con Mesala Corvino, general, literato y político, muriendo con más de cien años.




En poco tiempo las mujeres tomaron la iniciativa del divorcio.


Menciona Juvenal[1], en sus Sátiras, - desaprobando las nuevas libertades femeninas - a una que se había casado ocho veces en cinco otoños.


Marcial[2]  critica a una divorciada, llamada Telesilla, que después que Domiciano había restaurado las leyes Iulie, se había casado por la décima vez.


Séneca[3], desconsolado escribe







“Ninguna mujer se avergüenza de sus divorcios, porque se han acostumbrado a contar sus años, no con el nombre del cónsul, como era habitual, sino con el de sus maridos.

Divorcian para casarse, se casan para divorciar.”




Y el disgustado Marcial sentencia


“ Quae nubit totiens, non nubit: adultera lege est.”

“Quien se casa tantas veces, es como si nunca se hubiera casado, es un adúltero.”



Las leyes produjeron los resultados previstos por el emperador.

Augusto con sus reformas había intuido que unía más la codicia que la lujuria.















[1] Lex Iulia de maritandis ordinibus (18 a.C.) y Lex Papia Poppaea (9 a.C.)
[2] Juvenal, poeta latino en sus Sátiras, critica las costumbres romanas.

[3] Marcial, poeta latino, de Bílbilis, Calatayud, Hispania Terraconensede 
[4] Séneca, famoso filósofo, político y escritor moralista.