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lunes, 9 de febrero de 2015

EL DIABLO Y SUS NOMBRES





ANA MARIA SEGHESSO

 

 



EL ORIGEN DEL DIABLO

 




(primera parte)

 

 

 

 


 El Diablo es una concepción que se pierde en la noche de los tiempos históricos, hundiendo sus raíces en los mitos anteriores a la escritura. En todas las culturas religiosas el principio del Mal se ha manifestado, variando su importancia y significado.


Dice un proverbio que "el diablo sabe por diablo pero más sabe por viejo", como si el paso del tiempo hubiera aumentado sus conocimientos de la perversión y el vicio.


La imagen tradicional del Diablo que conocemos desde el Medioevo  ha sido tomada de una figura popular de la mitología griega, el semidiós de pastores y rebaños llamado Pan.

















  

Pan era el dios de la fertilidad y de la sexualidad masculina desenfrenada; desplegaba una gran potencia y apetito sexual, se dedicaba a perseguir por los bosques, en busca de sus favores, a ninfas y muchachos.


Su aspecto de macho cabrío, que popularizó el cristianismo, es una réplica del dios Pan caprino, con cuernos, rabo y barba de chivo.



  



  
De la figura mitológica de Pan  proviene el macho cabrío del aquelarre, representando al Diablo.


La serpiente del Paraíso que induce a comer el fruto prohibido a Adán y Eva es otra manifestación del Diablo.

 










 
 En la Biblia  los nombres más comunes con que se nombra al diablo son variados y con significados diferentes.


Lucifer, cuyo sentido en latín  es "quien lleva la luz" , transportador de luz;  su correspondiente griego Fósforo o Eósforo, "anunciador de la Aurora", como se llamaba al planeta Venus,  Lucero del alba o estrella matutina, contrapuesto a la estrella vespertina o Véspero, Lucero del atardecer.


En períodos alternos del año, el planeta Venus se puede ver cerca del horizonte antes del amanecer o en el crepúsculo, precediendo o siguiendo al Sol.


La simbología del fenómeno astronómico es confrontada al Ángel caído, que intenta brillar más que el Sol hasta que amanece y desaparece su esplendor. 

La estrella vespertina brilla solamente cuando el Sol desaparece, revelando una mayor modestia en ostentar su brillo.


Narra la Biblia que Lucifer era bello y sabio; según el mito cristiano la soberbia lo arrastró al fuego eterno, predestinado según los Evangelios para alojarlo junto con su escolta de ángeles y  las almas de los pecadores condenados para la eternidad.

Es un diablo inteligente que los hombres temen porque son irremediablemente seducidos por su poder.  Su grandeza reside en su capacidad de convicción que desafía la divinidad, asumiendo el rol de verdadero adversario de Dios, en una rebelión que lo ve constantemente vencedor en reclutar almas. En su estado de príncipe de las Tinieblas es llamado Satanás.


Para los iniciados, según Eliphas Levi, no se trata de un ente sino de una fuerza creada para el bien, pero que puede servir al mal, sin embargo lo considera  el instrumento de la Libertad.  








"El ángel caído era tan presuntuoso de creerse Dios, pero también valeroso para conquistar su independencia al precio de una eternidad de suplicios; era tan hermoso de no percibir el esplendor divino, tan irreductible que reina todavía en las tinieblas y el dolor, en el trono  erigido en una hoguera infinita... "[1]















[1]  "Secrets de la Magie", Eliphas Lévi. Editions Robert Laffont S.A., Paris 2000.