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jueves, 17 de diciembre de 2015

LOS PINTORES Y SUS COLORES




 

ANA MARÍA SEGHESSO








VIRGEN DEL ROSAL
SANDRO BOTTICELLI






Los pintores para identificar a María, madre de Jesús, en los retratos donde había varias mujeres, como en las imágenes al pie de la cruz o en su tumba, codificaron algunas reglas. Se determinó que la madre llevara la cabeza cubierta con velo, así como los brazos. Generalmente su color fue el azul y a partir del siglo XVII la Inquisición estableció que María debía ser representada en azul y blanco.









LAS TRES MARIAS
GIOVANNI BATTISTA GAULLI






El único color que no le estaba permitido a María era el verde, porque tenía fuertes implicaciones paganas por ser el color de la naturaleza y María estaba por encima de la naturaleza. El azul definía el color celestial. 





 
VIRGEN DE LAS ROCAS
LEONARDO DA VINCI


 

A María Magdalena en vez, se la identificó con el verde, el rojo y el oro.  “Las tres Marías en el sepulcro”, de Giovanni Battista Gaulli, son un ejemplo.



Naturalmente, muchos artistas que no trabajaban para la Iglesia forzaron las reglas para darle un significado personal, y en algunos casos oculto, a la propia obra.








 

VIRGEN DEL ROSAL
MARTÍN SHONGAUER

 

 





MARIA MAGDALENA

ANDREA SOLARIO

 

 

 

 



VIRGEN CON EL NIÑO

JAN VAN EYCK

 




Es por eso que en muchas imágenes que mencionan a María madre de Cristo, el atuendo es rojo o verde, por lo que se podría suponer que representan a María Magdalena.

 




 
VIDRIERA MAGDALENA
Iglesia de Kilmore, Devraig






 



VIRGEN Y NIÑO

RAFAEL


 


 

 

 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

EL PACTO DE LOS PRETENDIENTES


 

ANA MARIA SEGHESSO






  HELENA Y PARIS

 

 







La Guerra de Troya fue la primera contienda entre Oriente y Occidente y Homero la inmortalizó en su famoso poema Ilíada. 

Allí se narran los acontecimientos que la provocaron. Los protagonistas son mortales e inmortales, puesto que los dioses del Olimpo tomaron una parte activa en las batallas, intrigas y pasiones que dan vida a la epopeya. 









Los hechos narrados son históricos, aunque originariamente no se los consideró como tales.  Homero los describe desde un punto de vista poético muy particular.


El triunfo final correspondió a los griegos, quienes mediante un subterfugio concebido por Ulises, también llamado Odiseo, por sugerencia de la diosa Palas Atenea, introdujeron en la ciudad amurallada un caballo. 
En su interior se escondieron los guerreros griegos y el mismo Ulises.

El resto de la armada fingió marcharse.

La ingenuidad de los troyanos completó la tragedia, no obstante fueran advertidos de la trampa por  Casandra, princesa de Troya y Laocoonte, quien dijo “Desconfío de los griegos aun cuando ofrecen regalos”.




 







NAVE GRIEGA
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Fue el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann, quien encontró los restos de la antigua ciudad de Ilión, junto a muchos otros vestigios de ciudades superpuestas, que aparecían mientras se continuaba a excavar. 

Corría el año 1870.







Los acontecimientos de la Ilíada describen a un grupo de aliados, llamados a veces griegos, otras argivos, aqueos o dánaos, según el lugar de proveniencia. El jefe, Agamenón, junto a Odiseo, Menelao, Aquiles y otros guerreros, poseían una identidad colectiva con un objetivo preciso, recuperar Helena y el inmenso tesoro de Esparta. 










 


Sin embargo, en la vida de campamento y en sus historias íntimas se albergaban fuertes odios y rivalidades personales. Los conflictos particulares de los guerreros dan contenido al poema homérico. 
Los aliados, no obstante sus diferencias tribales, lograron unidad de intentos, que les consintió la victoria en la batalla.



El origen de la unión de los diversos pueblos griegos se encuentra en el juramento que el rey Tíndaro, padre humano de Helena, les hizo jurar a los pretendientes de la futura reina.


Puesto que podía haber un solo vencedor mientras que los perdedores serían los restantes, debían jurar eterna lealtad a quien resultara marido de Helena y ayudarse, permaneciendo solidarios unos con otros en caso de necesidad.



  


  Para sellar el pacto Tíndaro sacrificó un caballo y los griegos, en el momento de dificultad, supieron mantener su juramento.












LA CAIDA DE TROYA

Johann Georg Trautmann